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La importancia del Espíritu Santo
Publicado en 06/11/2008 07:04:25 por Italiano

La importancia del Espíritu Santo

En nosotros está el tesoro, lo que queremos darles a nuestros hijos. Muchas veces pensamos en quererles heredar el vehículo, terreno, negocio o casa, pero debemos heredarles también la Palabra, conducta, fe y educación. Timoteo tenía una fe que había existido en su abuela, su madre y ahora en él, la cual no era fingida dice la Palabra. Muchos trabajan para dejar una herencia para sus hijos, pero de nada sirve que trabajen la herencia si no trabajan al heredero. Si se dedica a trabajar duro y no cuida a sus hijos, en poco tiempo sus hijos lo van a despilfarrar. De nada sirve dejarle una herencia a alguien que no tiene el carácter para manejarla. Todo el trabajo duro en pocos meses o años sus hijos lo van a despilfarrar, debe ser más inteligente y trabajar al heredero. Dios tiene una gran herencia que darnos, grandes bendiciones, pero de nada le serviría si no trabaja el carácter del heredero. No es lo mismo que Dios te dé riqueza a hacerte rico, son dos cosas distintas; porque hay gente que puede tener riqueza, pero su carácter no es de rico, sus costumbres no crecieron. Cuando predicamos la Palabra de Dios, nunca lo hacemos a la billetera, sino al corazón de la gente. Usted puede tener una clase de cultura alta y no necesariamente económica alta. O puede tener una clase económica alta, pero cultural baja. Cultura viene de “cultora”. La instrucción del tora, la Palabra de Dios es lo que forma la cultura en el corazón. Por eso, dice la Biblia que somos la luz del mundo y la sal de la tierra. Habla de lo que somos, no de lo que tenemos. Somos la luz del mundo y la sal de la tierra. Dondequiera que vayas, tu conducta tiene que ser buena, plena, confiada en el Señor y al final, eso es lo que somos. El Señor habla que el buen Padre tiene cosas nuevas y cosas viejas, y el Padre Espiritual tiene que sacar del tesoro cosas nuevas y viejas para edificarlos. En Mateo 13 se recordarán que dice “de dónde vienen esas señales. No están aquí sus hermanas, es este el carpintero”. El domingo pasado hablé de la parábola del carpintero y que el Señor escondió sus misterios no en la sinagoga, sino en la carpintería. El Señor me ha hablado que los carpinteros de hoy, los que son laicos, esconden grandes tesoros que Dios ha puesto en ustedes, en sus negocios, casa u oficina. Dios los tiene ahí para que bendigan a otros. Jesús nunca fue un ministro ordenado judío, ni siquiera fue levita, fue carpintero. Por eso, no les cabía en la mente que pudiera hacer milagros y tener señales, se escandalizaban de él como lo harán de algunos ustedes, porque a algunos de ustedes sin tener una profesión terminada o completa, Dios los va a bendecir, los va a levantar y van a decir: “¿De dónde tiene éste tantas cosas, de dónde tiene tanta bendición, si no conocemos a su familia?”. El tesoro se fue a esconder donde nadie lo iba a buscar, en una carpintería. Hay muchos que discuten lo que va a pasar, lo que va a venir, pero no ven lo que está pasando. Un avivamiento se ve con lo que está pasando, es tiempo de milagros, de Palabra, de ganar almas. Hay avivamiento, los ciegos ven, los sordos oyen. Su Palabra dice en Mateo 13:10 “A mí me es dado saber los misterios del reino porque tengo su espíritu” Amén. Es un privilegio y un honor saber los misterios del reino, cómo funciona, pues es un misterio como tal, porque no es de este mundo. ¿Cuántos de ustedes cuando nacieron de nuevo y empezaron a practicar lo que dice la Biblia, se dieron cuenta que hay un mundo que creyeron que no conocían? Existe algo en la tierra, aquí en nuestro país que la gente no conoce, pero que sí está aquí, que se llama “reino de los cielos”. Tu ciudadanía no es de aquí, en tu cédula dice “guatemalteco”, pero tu nombre está escrito en los cielos, ya te censaron, levantaron las encuestas y estás inscrito allá. V 11-12 “Yo seré de los que teniendo me será dado más y no perderé lo que hasta hoy tengo, amén”. 13 “Por eso, les hablo por parábolas…” Lo voy a decir en chapín: “Para que no vean con los ojos, ni oigan con los oídos, ni con el corazón entiendan ni yo los sane, y ni se conviertan ni yo los sane”, porque está hablando a quienes les habló por parábolas para que no entiendan. Es muy sencillo, en la sinagoga estaban discutiendo Escrituras y por ahí les dicen que en el monte de los Olivos está alguien enseñando de los lirios, de que no nos afanemos qué vamos a comer o qué vamos a decir. Y ahora dice que el trigo y la cizaña crecen juntos y que van a tirar una red y van a sacar pescaditos. “No le entendemos, déjalo ¿que más puede hablar un carpintero?” Decían ellos. Y El estaba con la multitud en el monte, hablando de los lirios del campo, declarando todos los misterios desde el inicio del mundo, y aquellos haciéndose bolas en la sinagoga. ¿De qué tipo de gente eres tú? ¿De la gente que desprecia esa sencillez, donde se ocultan las profundidades de Dios, o de los que se van a hacer bolas todo el tiempo y se van a complicar la vida? Jesús vino a enseñarnos a vivir, digan conmigo: “por una vida mejor”. ¿No vino Jesús a eso? Para darnos una mejor vida, para eso vino Jesús, para llevar una vida abundante a las demás personas y compasión al necesitado. El Señor sabía qué era lo que estaban haciendo. En las parábolas, Jesús metió los misterios desde la fundación del mundo, pero ¿qué fue lo que verdaderamente escondió? ¿Un misterio o una bendición? Lo que escondió fue sanidad, prosperidad, salvación, es decir, que todas esas cosas se esconden en su Palabra. Cuando Jesús habló de las parábolas y se las explicó a sus discípulos, disculpe mi manera de hablar, pero escucharon el “cascarón”, y no lo que está adentro. Con el cascarón se quedaron los que no lo entendieron, pero a sus discípulos les dio lo que estaba adentro. Cuando tú lees la Palabra, tienes que ver qué viene dentro. ¿Cómo así, Pastor? Sí, es que la Palabra es una semilla, y esa semilla es lo que realmente nos transforma, y nos trae las bendiciones de Dios. Por eso dijo: “Al que tiene, le será dado más, y al que no tiene, aún lo que piensa tener le será quitado. Es decir, si tú eres una persona que ha dado fruto, se te dará más, pero cuídate, porque el mismo que da más, el mismo quita todo. Marcos 4:13 El que no entiende la del sembrador, no entiende nada, pero el que logra entender esa, entiende todas, ¿por qué? Porque la parábola del sembrador es el fundamento para poder crecer en el reino de los cielos, y hoy la vas a entender mejor que nunca. Mateo 13:18 Tenemos que entender que la Palabra de Dios no es de este reino, no es de los hombres, es del reino de los cielos. Entonces no funciona igual, el reino tiene un rey, el rey tiene principios, valores, leyes, reglas, promesas. Si tú quieres vivir de acuerdo a las promesas del Reino, te tienes que someter a sus principios. No mitad de un lado, y mitad del otro lado. No digas: “Yo le creo a Dios, pongo mi semilla y recojo mi cosecha, pero unos mis cuantos prestamitos no me caen mal”. Entonces ¿en qué quedamos? Termina todo endeudado, hasta el cuello, y te preguntas el porqué después, cuando El te dio unos principios y tú escogiste otros. Y si no crees y tomas otros principios, El no va a respaldar eso. Ten cuidado. ¿Estás en tu reino o en el de Dios, en el de los cielos? ¿En cuál te vas a mover al fin? Pero nosotros no queremos respetar los principios del Reino. Lo mismo dice Marcos y lo mismo dice Lucas: que toma la Palabra que no se entiende. La toma, la roba. En Marcos 4:15, está la palabra “entender” que significa “recibir, retener”. Recibir la Palabra no significa entenderla en la mente, significa entenderla en el corazón también. Por ejemplo: “Mujeres, sujétense a su marido”. Ah, pero ¿cuál es la respuesta? “Usted porque no lo conoce”. No es que no la entienda, es que no la recibe. Rechaza esa Palabra, y empieza a poner mil excusas para no recibirla. Lo que quiere es no recibir la Palabra. Pero ¿quién robó la Palabra? Satanás. Hay muchas bendiciones metidas en la Palabra, pero la oímos con el corazón engrosado, no la recibimos, no nos convertimos a ella, no nos salvan, no nos sanan. Pero cuando recibimos con un corazón sencillo la Palabra de Dios y decimos “si eso dice mi Señor, eso hay que hacer”, la Palabra funciona. La Palabra tiene mucho que ver con la tierra en la que se está sembrando. Mateo 13:20-21, Marcos 4:16, Lucas 8:13 Venida la aflicción, la persecución, la tribulación o la prueba, tropiezan o se apartan. Dice que son de corta duración. En Mateo, Marcos y Lucas dice que creen por algún tiempo. No que no creen, sino que creen por algún tiempo. Los tres coinciden en algo: De las cuatro tierras o de las cuatro semillas que se sembraron, la que cayó en el camino, entre espinos, entre pedregales, buena tierra, sólo una menciona emociones y es en la de corta duración. Las emociones nos traicionan. Mencionan al que con gozo al instante recibe la Palabra y después dice que está afligido cuando viene la persecución, y tropieza o se aparta. La gente que es muy emocional dice “no sé por qué no resultó, yo que le creí a Dios por 20 horas y no vi resultados”. Esa gente es así en todo. Un día se quiere casar y en la luna de miel se quiere divorciar. Aparentemente, brincan de emoción y usted dice WOW estos creyentes que tenemos acá, pero son porristas nada más. Se emocionan y reciben la Palabra con gozo, pero ese mismo al rato está bien atribulado, pero el que retiene la Palabra y la recibe no importa lo que tiene a su alrededor, si lo persiguen por la Palabra, si lo persiguen por lo que cree, si lo afligen, se mantiene creyendo constantemente porque es una persona de carácter. ¿Qué pasa con la mayoría de cristianos? Son unos “aleluyas” que aplauden, que brincan, que saltan, que hablan en lenguas, pero no tienen carácter. Se pasan diciendo cosas como: “lo que me hicieron”, “lo que me dijeron”, “no me llamaron”, “sólo para el reporte me llaman”. No parecen soldados, tiene más carácter un niño en un orfanato que ellos. ¿Eres tú de ese tipo de temperamento y carácter? Yo tuve que educar mi carácter. Yo era de los que me metía y me salía, hasta que mi mamá me habló y me dijo aquel dicho: “Tenés arranque de caballo y parón de macho. Arrancás como si fueras caballo de carrera y cuando te parás, no te mueve nadie de allí. En vez de ser constante”. A muchos les cuesta ser constantes en venir los domingos. En once años que yo me congregué antes que fuera Pastor, creo que falté un domingo por año en promedio a la iglesia. “Ay, el hermano qué bendición,” dice usted. Pero usted podría ser de igual o de mucho más bendición si fuera constante. Lea la Biblia todos los días y si no puede todos los días, casi todos los días, sea constante, pero una vez a la semana, así tampoco. Ora cuando está necesitado y luego deja de orar. Lo que ganó orando, lo pierde cuando deja de orar porque lo que se gana orando, orando se mantiene. Creen por algún tiempo. ¿Por qué si Dios te dio una Palabra no puedes permanecer creyéndola constantemente toda la vida hasta que veas el rostro del Señor en el cielo y llegues allá arriba y le digas “Señor, yo me mantuve creyendo la Palabra hasta este día, no importa qué pasó y aquí estoy”? ¿Cuántos creen que van a desarrollar ese carácter? Para los que me dicen “Pastor, así soy yo, me emociono y a veces sí, a veces no y así soy yo y así me quiere Dios”. Sí, así te quiere Dios, pero no te puede bendecir. Eso se llama falta de carácter, y tiene que salir de eso si quiere que Dios lo bendiga, porque la semilla es la que contiene la bendición. Tú eres la tierra, Dios te pone la semilla, pero tú eres “de ahora sí, ahora no,” entonces se va la semilla. ¿Qué puede hacer Dios? Si Dios obra a través de su Palabra. Yo no sé si ustedes todavía están creyendo en un Dios como el que creen muchos con un letrerito con una casita y una tacita que diga “Dios bendiga este hogar”. O muchos que no se identifican como cristianos si no le ponen un amuleto a su carro, un pescadito porque “talvez así no se lo roban”. Con todo y pescadito se roban el carro. Dejan la Biblia entre el carro abierta porque talvez así no se lo roban. Cambiaron los frijolitos rojos y los ajos por calcomanías. Póngale la calcomanía, pero sea usted testimonio. Diga: “Yo rechazo en mi vida todo aquello que me puede convertir en alguien de corta duración, creeré a largo plazo”.

Etiquetas: Cristiano



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