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No dejes de soñar, no dejes de creer, no dejes de ser tú en el proceso, no te conviertas en una copia de nadie, si Dios te dijo que era para ti, será para ti. Muchas veces uno piensa tener a Dios descifrado y cuando se da cuenta Dios se está moviendo en otras áreas que usted jamás pensó que iba a hacer, hoy vamos a ver algo particular en la palabra del Señor. Dios cumplirá lo que te ha dicho.
Josué 14:6-15 Y los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal; y Caleb, hijo de Jefone cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés, varón de Dios, en Cades-barnea, tocante a mí y a ti. 7 Yo era de edad de cuarenta años cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades-barnea a reconocer la tierra; y yo le traje noticias como lo sentía en mi corazón. 8 Y mis hermanos, los que habían subido conmigo, hicieron desfallecer el corazón del pueblo; pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios. 9 Entonces Moisés juró diciendo: Ciertamente la tierra que holló tu pie será para ti, y para tus hijos en herencia perpetua, por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios. 10 Ahora bien, Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años, desde el tiempo que Jehová habló estas palabras a Moisés, cuando Israel andaba por el desierto; y ahora, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco años. 11 Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar. 12 Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho. 13 Josué entonces le bendijo, y dio a Caleb hijo de Jefone a Hebrón por heredad. 14 Por tanto, Hebrón vino a ser heredad de Caleb hijo de Jefone cenezeo, hasta hoy, por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel. 15 Mas el nombre de Hebrón fue antes Quiriat-arba;[a] porque Arba fue un hombre grande entre los anaceos. Y la tierra descansó de la guerra.
Caleb es uno de esos hombres poco común la Biblia lo describe como uno de los doce espías que fueron enviados con Josué a espiar la tierra, usted ha leído la historia y sabe que el reporte que estos hombres trajeron después de haber salido a espiar la tierra no era muy alentador, la Biblia describe que diez hombres a parte de Josué y Caleb vinieron diciendo que ellos se veían como langostas delante de los gigantes que estaban en la tierra. Es importante notar que al punto donde este evento se está desatando Caleb era uno entre seis hombres cuando el pueblo salió de Egipto tenía alrededor de seiscientas mil personas luego en el desierto se multiplicaron y llegaron a ser 2.5 millones de personas lo que significa que Caleb llegó a ser uno entre 1.5 millones de personas y yo he venido en este día con una palabra muy particular para los Calebs que están en esta casa.
Caleb es esa persona que carga una visión de lo imposible, que tiene una visión que no se ha cumplido, gente que lleva esperando muchísimo tiempo para que se manifieste lo que Dios dijo en algún momento. La vida de Caleb provoca una pregunta y la pregunta es ¿Cómo es posible que alguien pueda esperar 45 años para que se manifieste lo que se le había prometido? ¿Cómo es posible que una persona puede tener una fe inquebrantable, tener la capacidad para poder esperar tantos tiempo, de hecho esto se complica un poco más cuando usted descubre que Caleb caminaba con gente incrédula, chismosa, se quejaban, eran inconsistentes y rebeldes. Imagínese la capacidad que tenía Caleb para poder manejar todas estas inconsistencias de las personas pero también la carga emocional que eso le pudo haber causado en algún momento cuando se supone que aquel viaje fuese solamente de tres días y se convirtió en una experiencia de 40 año, imagínese esperar 40 años por algo que se supone que a usted se lo darían en tres días.
Lo grande de esta historia es que tiene un componente divino extraordinario porque Dios estaba preparando una serie de eventos para darse a conocer a Caleb pero también para revelar su carácter a nosotros, Pablo parece que recoge esto en Romanos 15:4 Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. Pablo está diciendo: “Lo que ustedes leen en el Antiguo Testamento tiene una enseñanza profunda para nosotros en el Nuevo Testamento porque es la forma en que vamos a entender las operaciones y los movimientos de Dios en nuestras vidas”. De hecho, yo no sé pero uno de los grandes retos de la vida cristiana es lograr entender a Dios en los contextos de nuestra propia experiencia, historia y lo que Dios nos ha prometido, no siempre es fácil entender lo que Dios está haciendo en un momento determinado de nuestra historia, no es fácil comprender lo que está sucediendo en nuestra vida basado en lo que Dios nos ha dicho en algún momento, hay personas que cargan una palabra poderosa de Dios, una palabra de bendición, de prosperidad, de sanidad, de progreso, de aumento, una palabra que los va a elevar a situaciones poderosas en el propósito de Dios pero lo que están viviendo en el momento presente es totalmente opuesto a lo que ellos saben que es la palabra que cargan de parte del Señor.
A mí me ha ayudado a entender un poco cuando esto pasa porque he descubierto que Dios solamente se revela basado en lo que él ha dicho y en lo que él ha prometido y lo que esto implica es que para poder conocer a Dios, Dios mismo tiene que establecer una promesa, pero Dios mismo tiene que cumplirla. Esto es más fácil decirlo que entenderlo, porque lo que esto implica es que en el momento en el que Dios desata una palabra sobre mi vida, yo tengo que estar en la plena certeza que aquel que ha declarado la palabra es suficientemente poderoso para cumplirla independientemente de lo que yo esté viviendo. No tiene que ser en el momento presente todo un jardín de rosas, o un caminar fácil, muchas veces cuando Dios trae una palabra sobre tu vida, tu medio ambiente, tu presente, tu entorno, se descontrola pero no puedes perder el enfoque porque lo que Dios te ha dicho eso se cumplirá y la palabra que Dios ha traído sobre tu vida se manifestará en el momento que Dios lo ha establecido. Esto es importante por que Caleb la tuvo difícil, él sabía que pudo haber alcanzado lo prometido en tres años pero estuvo esperando cuarenta años en un desierto comiendo maná del cielo y preguntándose cuándo se cumpliría lo que Dios le había dicho a su siervo Moisés.
Lo que esto implica para nosotros es que es la fidelidad misma de Dios la que provoca en nosotros confianza, a mí me alienta saber que Dios es el mismo ayer, es el mismo hoy y Dios será el mismo por los siglos de los siglos, lo que esto quiere decir es que cuando Dios hace una promesa él no la cancela sobre nuestra vida, si hay que esperar cincuenta años, cincuenta años hay que esperar para que se cumpla, si hay que espera seis meses, hay que esperar seis meses, pero lo que esto indica es que una vez Dios declara sobre tu vida espéralo porque lo que Dios ha dicho se va a cumplir en el nombre poderoso de Jesús. Dios es fiel.
Hebreos 6:18 Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.
Dios está comprometido con lo que él ha dicho y ha establecido y por causa de su fidelidad y de su consistencia yo puedo confiar y esperar que lo que Dios ha dicho eso se va a cumplir, su palabra se cumplirá y por cuanto él es fiel mi fe se fortalece, por cuanto él es consistente yo puedo declarar independientemente de lo que esté sucediendo hoy, lo que Dios ha dicho se cumplirá a pesar de lo que ha dicho la gente, a pesar de lo que diga le economía, a pesar de lo que diga mi familia, a pesar de lo que diga el gobierno, a pesar de lo que diga mi cuerpo, a pesar de lo que esté pasando por mi mente, lo que Dios ha dicho se va cumplir.
La revelación de Dios tiene que ser dada por Dios mismo porque no fue Caleb el que llamó a Dios, no fue Moisés, el que llamó a Dios ni Abraham el que llamó a Dios, fue Dios el que llamó a Caleb, a Abraham y Moisés, fue Dios el que te llamó a ti para mostrarte su gloria, para dejarte saber que él tiene propósitos extraordinarios contigo, Cristo lo dijo de esta manera: “Ustedes no me escogieron a mí, yo los escogí a vosotros” A mí me complace saber que si yo estoy sirviéndole a Cristo hoy es porque Dios tenía un plan desde antes de la fundación del mundo y en ese plan hay una palabra que está declarada sobre mi vida y eso que Dios ha dicho se cumplirá.
Cuando Dios empieza a hablarte de propósito, de destino, de promoción, de sanidad, de ministerio, tu tienes que hacerle caso; si gente a tu alrededor empieza a dudar sobre lo que Dios ha dicho sobre tu vida al fin y al cabo no fue a ellos a quienes se lo dijeron, fue a ti que Dios se lo dijo y si él te lo dijo a ti tienes que apagar cualquier cosa que está tratando de robarte la bendición de Dios porque lo que Dios ha dicho se cumplirá. Es durante esta experiencia que no sólo Dios te da la promesa sino que te da la revelación de que él es el Señor del proceso por el cual estás atravesando y esto es libertador porque lo que esto implica es que si Dios dijo algo, no solamente lo declara sino que me procesa a través de un proceso y la gente que entiende esto no se limita a tiempo y espacio, porque lo que ellos ven con sus ojos naturales no es lo que determina lo que va a suceder, lo que ellos ven en el presente no es lo que determina lo que sucederá mañana, porque ellos cargan una palabra revelada de parte del Señor, lo que quiero decirte es que es irrelevante lo que estás viviendo hoy, lo que tienes que conectar a la palabra que Dios ha declarado sobre tu vida de una manera espectacular porque lo que Dios te ha dicho no se te va a negar, lo que Dios hay en la palabra se va a cumplir sobre tu vida, todo lo de Dios es tuyo, la gente que vive en esta dimensión no ve los problemas presentes como un castigo, lo ven como parte del entrenamiento y proceso por el cual tienen que pasar hasta llegar al cumplimiento de la promesa que Dios le ha hecho sobre su vida, ellos están dispuestos a pasar.
Caleb se dejó influenciar entre ellos, él estaba viendo lo mismo que ellos, pero no dejó que aquello lo influenciara porque Caleb tenía su mirada puesta en lo que Dios había prometido en aquel momento, la visión de Caleb llegó a ser más grande que su ambiente, por eso es que hasta que tu visión no sea más grande que tu ambiente nunca verás cambios en tu vida, hay gente que tiene que tener una visión más grande de lo que están viviendo en el momento presente, Caleb estaba conectado a lo eterno, a lo infinito, él no estaba operando en lo que el hombre decía sino en lo que Dios había dicho, por eso nosotros no operamos por lo que está pasando afuera sino por lo que está pasando dentro de nosotros, Pablo lo decía de esta manera: “Porque esta leve tribulación momentánea, produce en nosotros un cada vez y más excelente eterno peso en gloria, porque nosotros no vemos las cosas que se ven sino las que no se ven, porque las que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”.
Tu debes confesar: “No estaré viviendo en el mejor momento en este día pero voy en camino a lo que Dios ha prometido sobre mi familia, en este año se convierte mi familia, en este año salgo de esta escases, en este año salgo de esta dificultad, Dios me ha venido procesando, voy camino a la promesa que Dios ha hecho sobre mi vida, algo poderoso me va a suceder”.
Aquí hay gente que en las próximas 24 horas verán un cambio radical en su casa, en su empresa, en su atmósfera, en su vida, prepárate porque palabra de Dios que había estado detenida hoy se desata sobre tu vida, y lo que Dios ha dicho se va a cumplir.
Tenemos a Dios por dentro, Dios está conectado a nuestro espíritu y no importa cuánto tengamos que esperar, el que está dentro de nosotros nos sostendrá. Esto quiere decir que Dios es revelado cuando él promete, no hay forma de conocer a Dios en su múltiples capacidades a menos que Dios haga una promesa y él mismo la cumpla, porque yo nunca conoceré a Dios como proveedor si no he pasado por escases, podré saber que Dios provee, una cosa es saber que Dios le proveyó a otro y otra cosa es decir “sé que Dios provee porque yo he estado en escases”. Una cosa es escuchar que Dios ha sanado a alguien y otra es decir “yo sé que él es Jehová Rapha, porque él ha sanado mis enfermedades”. La prueba que estás pasando es para que Dios se revele de una manera que tu no lo conocías anteriormente, Caleb lo sabía, él sabía que Dios sólo se manifiesta en lo que promete.
Esta es la única forma de poder entender a Dios en los eventos de nuestra historia, cuando él cumple lo que ha prometido, usted no puede entender a Dios en las declaraciones de otras personas, usted tiene que tener una propia experiencia, basado en su propio escenario de vida, en los eventos de su propia historia y es cuando Dios se mete dentro de esa historia que usted puede decir “Dios es fiel porque Dios cumple lo que promete”. Yo había escuchado que Dios bendecía pero nunca lo había vivido personalmente, hoy puedo decir que Dios es un Dios que bendice a sus escogidos, había escuchado que Dios levanta al caído, pero hoy puedo testificar que Dios me ha levantado.
Si Dios se revela en lo que promete quiere decir que tenemos un futuro glorioso, si él ha prometido que mañana será mejor que hoy quiere decir que aunque mi hoy no sea necesariamente el mejor mañana yo tengo una promesa que mañana Dios estará allí para encontrarme y para cambiar el escenario de mi vida, mañana será mejor que hoy, ya Dios ha hecho una promesa, ya Dios dijo: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, pensamientos de bien y no de mal para daros el fin que esperáis (Jeremías 29:11)” Ya tenemos la palabra que “todo lo podemos en Cristo que nos fortalece” ya para nosotros hay una palabra “Que al que venciere él le dará la corona de la vida”, esto implica que no podré morir antes de que la promesa se cumpla y no podré vivir sin que la promesa se cumpla porque Dios me ha dado la promesa, es el Dios que me sostiene en el proceso, y aunque ahora me dejen solo, aunque ahora me hayan abandonado y aunque nadie esté a favor mío, Dios estará allí fortaleciéndome hasta el cumplimiento de la promesa que él ha hecho sobre mi vida. Lo que Dios te ha dicho se cumplirá.
Dios te da una visión más grande que el escenario de vida de tu presente, por eso la mente se confunde, porque cuando usted oye a Dios hablar usted siempre descubrirá que Dios nunca habla en lo obvio, porque Dios no es obvio, Dios no es descifrable, no podemos decirle cómo hacer las cosas, Dios puede decirle a la gente que va a sacarlos de la esclavitud y los mete al desierto por cuarenta años y donde les va a faltar agua, techo, comida porque para Dios es más importante que nosotros lo conozcamos a él que nuestra comodidad inmediata, porque a veces Dios tiene que crear incomodidad temporal para que haya una revelación permanente. Hay veces que Dios tiene que remover la base, por eso Deuteronomio 8 dice: “Y los metió en el desierto y allí los probó” y hay muchas situaciones en nuestra vida que no son para matarte, son para Dios revelarse y cuando Dios se revela en ese escenario en medio de tu peor momento te da una visión que es más grande que lo que estás viviendo en el momento presente, pero esa es la idea, porque Dios se revela en lo que promete y si tu puedes mantenerte creyendo a Dios cuando las cosas no va bien, si te puedes mantener viniendo al templo y adorando mientras las cosas no son de lo mejor, si tu puedes mantener una alabanza mientras las cosas están complicadas, Dios dice “me le voy a revelar como lo hice con Habacuc” que aunque la higuera no florezca, que aunque las vides no haya fruto, aunque no haya vaca en los corrales, ni las ovejas den su mantenimiento, con todo y eso yo alabaré a Jehová, con todo y eso yo bendeciré al Señor porque yo sé que él hará mis pies como de cierva y en mis alturas él me hará caminar” No te rindas porque me voy a revelar y voy a cumplir todo lo que te había prometido.
Esa gente sabe que esperar no es perder tiempo, esperar es conocer a Dios, esa gente sabe que los que esperan en Jehová no serán avergonzados, esa gente como Caleb sabe que aunque pasen 45 años, Dios te va sostener en cada etapa y cada proceso de tu vida, estoy seguro que cuando venían los enemigos contra el pueblo allí estaba Caleb diciendo: “Esto no puede ser el final porque Dios le había dado una palabra a Moisés y esa palabra no se había cumplido”. Debes saber que si Dios te libró en el pasado, también te librará ahora; si Dios estuvo contigo ayer, Dios estará contigo hoy, si él está contigo hoy estará contigo mañana, Caleb decía: “Algo he experimentado en Dios, y es que hoy tengo 85 años y tengo la misma fuerza que cuando tenía 40, porque los que esperan en Jehová renovarán sus fuerzas, se le darán alas como de águila, se elevarán a nuevas alturas”. Tu tiempo no se ha terminado, a penas estás empezando y Dios cumplirá todo lo que había prometido. Dios es fiel, gracias a Dios por tus enemigos, ellos no sabían ellos eran los que Dios iba a usar para promoverte, gracias a Dios por tus gigantes porque estos te llevan a otro nivel, gracias a Dios por tus desiertos, porque allí verás la provisión de Dios como nunca antes, gracias a Dios por los imposibles, porque si fuera posible, no necesitarías a Dios, pero por cuanto es imposible esa visión que Dios te ha dado en lo natural y en el escenario presente de tu vida tu puedes saber que si es demasiado grande se requiere a Dios en ello, él no te va a negar lo que una vez te dio, no te va a quitar lo que una vez te impartió.
Si Dios te ha dicho que vas a ver a tus hijos convertidos, aunque sea en el último momento, en el último respiro, antes de dar el último suspiro en esta vida, créeme que lo que te ha dicho te va a cumplir, si te ha dicho que te va a sanar, créeme que el va a cumplir lo que te prometió, si él te dijo que te va a prosperar, créeme que puedes estar en bancarrota, puedes haber perdido el negocio, del polvo te levantará Dios y te hace un empresario poderoso; alguien que tiene una palabra de Dios y que puede decir Dios cumplirá lo que había prometido, Dios lo va a cumplir, Dios lo va a hacer.
Muchos de ustedes no se han muerto por lo que Dios les ha prometido, Caleb dijo: “Jehová me ha hecho vivir hasta ahora”. Muchos de ustedes de acuerdo al hombre se supone que hace rato deberían haber muerto, pero hay una palabra de Dios sobre tu vida, es más, muchos de ustedes cargan una palabra que ni siquiera sabían que Dios había declarado sobre ustedes, les pasa como a David que aún en el vientre de su madre dice “Mi embrión vieron tu rostro y entendí lo que estaba escrito en tu libro acerca de mí”. Hay cosas que se han dicho de nosotros que aún no han llegado a nuestros oídos pero que nuestro espíritu sabe que están allí, por eso muchos de ustedes han rehusado morirse cuando debieron haber muerto, por eso muchos de ustedes rehusaron quedarse en el piso cuando aquella crisis golpeó, no eras ni creyente, pero había algo allá adentro que te decía que todavía no se había terminado. Dios te ha mantenido hasta esta hora y podrás decir como Caleb “Jehová me ha hecho vivir hasta este tiempo”. La única razón por la que muchos de los que estamos aquí aún estamos vivos es por lo que Dios había declarado sobre nuestra vida.
Pablo, un asesino, que encarcelaba a los creyentes, dijo en un momento, en Gálatas, “porque Dios me escogió desde el vientre de mi madre” porque aún tu vida en el pasado y el pecado no es lo que te define, aquello fue un paréntesis en tu existencia, y cuando tu te conectas a Dios que la razón por la cual todavía estás de pie es porque hay un propósito de Dios contigo que se tiene que cumplir, Dios cumplirá lo que te había prometido, Dios lo va a hacer.
Caleb decía, yo esperé por 45 años porque Dios me hizo vivir. No sé cuántos años llevas orando y creyéndole a Dios, que aún ha sufrido en el proceso de su espera, lo que Dios hoy te dice es: “Lo que te dije lo voy a cumplir, es tuyo, es tuyo, se va a cumplir, se va a manifestar, se va a hacer realidad en tu vida”.
No dejes de soñar, no dejes de creer, no dejes de ser tú en el proceso, no te conviertas en una copia de nadie, si Dios te dijo que era para ti, será para ti, si Dios te dijo que te lo daría, Dios te lo dará, Dios cumplirá lo que ha prometido. Caleb no se rindió, cada experiencia del desierto la venció exitosamente, en cada etapa que pudo dudar se mantuvo firme creyendo, en cada etapa que tuvo la oportunidad de retroceder se mantuvo caminando al frente, en cada etapa en la que pudo unirse a los críticos, a los que murmuraban siempre dijo en su corazón “Yo escuché que a Moisés se le dio una palabra” y cuando hubo un cambio vino donde Josué le dijo “Yo escuché lo que a Moisés se le dijo y yo quiero ese monte, dame donde están los anaceos, no me la des fácil, porque cuando tenía 40 años estaba fuerte, pero aún cuando tengo 85 también estoy fuerte porque cuando tu estás anclado en una palabra de Dios, la palabra revive hasta tus propios huesos, dame el monte complicado, no me des nada fácil, porque lo fácil no tengo posibilidad de tener a Dios, si me lo vas a dar, dame lo difícil porque he descubierto que por 45 años.
Un hombre español andaba de turista en una ciudad de Noruega. Debido a su trasfondo religioso, quiso ver la iglesia principal de la ciudad. Mirando hacia la torre, se sorprendió al ver en lo alto la figura de un cordero. Al preguntar el porqué de esa escultura, le contaron la siguiente historia. Cuando estaban construyendo la iglesia, uno de los hombres que trabajaba en la torre se resbaló y cayó desde arriba. Sus compañeros lo vieron caer y, horrorizados, corrieron hacia abajo, al nivel de la calle, esperando encontrarlo muerto. Pero ¡cuál no fue su sorpresa y a la vez su gozo al encontrar a su compañero con vida! ¿Qué había sucedido? Un rebaño de ovejas pasaba por la calle en el momento en que él caía, y el golpe fue amortiguado por la manada. Un pequeño corderito recibió casi todo el peso del hombre, y fue aplastado en el accidente. El cordero murió, pero el hombre se salvó. En memoria del corderito, esculpieron su figura en el lugar exacto desde donde el trabajador había caído. Hay otro Cordero que fue inmolado, pero que rara vez se le ve esculpido como tal. Se trata del Señor Jesucristo. La primera presentación pública que se hizo de Él al mundo fue como cordero. El que hizo la presentación fue Juan el Bautista, y la hizo con las siguientes palabras: «¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!» (Juan 1:29). ¿Por qué no dijo Juan: «Aquí tienen al Hijo de Dios»? ¿Por qué no dijo más bien: «Aquí tienen al Salvador del mundo», o: «Aquí tienen al Rey de gloria»? ¿Por qué lo presentó como el «Cordero de Dios»? Hay una razón muy importante. Es que Jesús, al igual que el cordero de la antigua Pascua judía, vino a realizar una muerte sustitutiva. Vino a dar su vida para que otros vivieran. Él mismo lo dijo en estas palabras eternas: «El Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos» (Mateo 20:28). Nosotros, la raza humana, escogimos el camino del pecado, y estamos condenados a la muerte eterna. Pero Jesús, el Cordero de Dios, recibió sobre sí el golpe de nuestra rebelión. Ese golpe produjo su muerte, y esa muerte fue en sustitución nuestra. Él murió en nuestro lugar. ¿Podremos rechazar al que dio su vida por nosotros? En lugar de rechazarlo, aceptémoslo como nuestro Salvador y decidamos servirle todos los días de nuestra vida. Cristo desea ser nuestro Salvador. Su muerte merece toda nuestra devoción
Un indígena oriundo de Centroamérica había hallado la paz en Dios. Había cambiado radicalmente, de una vida de depravación, borracheras e infidelidad, a una vida de verdadera satisfacción y paz. Siempre hablaba de su salvación y de lo que Jesucristo había hecho por él. No le importaba dónde estuviera ni quién estuviera viéndolo o escuchándolo. A todos les daba el testimonio de su conversión. Un día un amigo suyo le preguntó: —Churunel, ¿por qué hablas tanto de Cristo? Churunel no respondió de inmediato, sino que comenzó a recoger palitos y hojas secas que fue colocando uno sobre otro en un círculo. Entonces buscó hasta hallar un gusanito, y lo puso en el centro del círculo. Todavía sin decir palabra, encendió un fósforo y lo acercó a las hojas y a los palitos secos. El fuego dio la vuelta al combustible seco, y el gusanito atrapado comenzó a buscar locamente cómo salir, pero no podía. Por fin el fuego avanzó hacía el centro, y el calor se fue acercando al gusano. Éste, desesperado, levantó en alto la cabeza como para respirar, cuando menos, un poco de aire fresco. El gusanito sabía que su único refugio tendría que venir de arriba. Al verlo así, Churunel se inclinó y le extendió sus dedos. El gusano se asió de ellos y el indígena sacó el gusano de en medio del fuego. Fue hasta entonces que emitió su primera palabra. «Esto —explicó Churunel— es lo que Cristo hizo por mí. Yo estaba atrapado en los vicios del pecado, y no había esperanza de salida. Había tratado, por todos los medios posibles, de salvarme a mí mismo, pero me era imposible. »Entonces el Señor se inclinó hacia mí y me extendió su mano. Lo único que tuve que hacer fue asirme de Él. Cristo me sacó de esa prisión. Por eso no puedo dejar de contarles a todos lo que hizo por mí.» Lo cierto es que aquel indígena describió a la perfección lo que Cristo puede y quiere hacer por cada uno de nosotros. Sin Cristo estamos atrapados. Más vale que reconozcamos de una vez por todas que la vida real no respalda el argumento popular que dice: «El día que yo quiera dejar el vicio, puedo dejarlo.» De no ser por una ayuda que venga de arriba, moriremos en nuestros pecados. Cristo está cerca de nosotros y nos extiende la mano. Sólo tenemos que asirnos de ella. Churunel lo hizo y encontró paz. Así como él lo han hecho millones más, y han hallado la paz. ¿Por qué no hacerlo nosotros también? Cristo quiere rescatarnos y darnos su paz
Don Roberto, hombre muy rico, tenía de todo en abundancia. Podía comprar lo que se le antojara. Una tarde tomó en sus brazos a Margarita, su pequeña hija de diez años de edad, y después de juguetear con ella por un momento le preguntó: —¿Has pensado en lo afortunada que eres por ser hija del hombre más rico de esta ciudad? —Sí, papá, todos te envidian. ¡Cómo quisieran tener ellos tu felicidad! Todo le iba bien a don Roberto. Pero la vida tiene sus giros imprevistos, y a los pocos meses Margarita murió en un horrible accidente. Esto era más de lo que Roberto podía sobrellevar, así que se dio a la bebida, al juego y a la vida licenciosa. Con el tiempo perdió todos sus bienes. Quebrantado de espíritu, dejó la ciudad donde había sido tan popular, y se fue peregrinando en busca de paz y consuelo. Al pasar por una población, vio que un hombre revolvía el trigo con una gran pala. —¿Por qué no dejas en paz esos granos? —le preguntó. —Para que no se pudran —fue la respuesta. Pasando luego por un campo, vio a otro que araba la tierra con una reja muy aguda. —¿Por qué cortas tan profundo la tierra? —inquirió. —Para que sea más blanda, y así se empape bien de lluvia y sol —respondió el campesino. Mientras pasaba por un viñedo, observó que un obrero cortaba, con tijeras, los sarmientos de las matas. —Amigo —preguntó Roberto—, ¿por qué atormentas esos sarmientos? —Para que den una cosecha buena y abundante —contestó el obrero. Don Roberto se quedó muy pensativo. Caminó hacia la soledad de un bosque cercano, cayó de rodillas, alzó reverentemente los ojos al cielo y exclamó: «¡Señor mío!, yo soy el trigo que has revuelto para que no me pudra. Soy la tierra que has cortado para que me vuelva blando. Y soy el sarmiento que has podado para que dé buen fruto. Ayúdame a someterme a tu mano fuerte para llegar a ser el siervo útil que Tú quieres que sea.» Don Roberto comprendió que los golpes de la vida producen madurez, fuerza y gracia, y una verdadera paz inundó todo su ser. A pesar de haberlo perdido todo, llegó a comprender que podía ser un hombre verdaderamente feliz. Feliz es la persona que en medio de la disciplina aprende su lección. La Biblia declara que todas las cosas les ayudan a bien a los que a Dios aman. Pidamos de Dios esa clase de fe, y veremos que cuanto más oscura es la noche, más glorioso es el amanecer. Cristo quiere ser nuestro compañero de viaje en nuestro peregrinaje por este mundo.
Paysandú, Uruguay, una hermosa ciudad moderna y progresista, ubicada en la margen oriental del río Uruguay y reflejada día y noche en sus mansas y verdes aguas, tenía un problema. Acababa de inaugurar su nueva cárcel, pero no tenía ningún preso para encerrar en ella. El alcalde inauguró el edificio con una ceremonia muy solemne, y pronunció un encendido discurso. Lo único que faltaba —se lamentó el alcalde— era alguien que estrenara las cómodas y limpias celdas. Se citaron diversos nombres de delincuentes conocidos —ladrones, asaltantes, estafadores, cuatreros—, pero no se encontró ningún candidato apropiado. Luego sucedió una de las ironías de la vida. En pocos días se descubrió en la ciudad un gran contrabando de automóviles en el que estaba implicado el alcalde mismo. ¿Quién hubiera pensado que aquel hombre que inauguró la cárcel habría de ser el primero en estrenarla? Los seres humanos continuamente fabricamos cárceles en las que nos encerramos nosotros mismos. Bien lo dijo Amado Nervo: «Cada día remachamos un eslabón más de la cadena que ha de aprisionarnos.» Una de las cárceles más nefastas en la que nos encerramos es la del miedo. Algunos tememos a la enfermedad y a la muerte prematura sin saber siquiera si tal vez pasemos toda la vida sin tener que sufrirlas. ¿Qué ganamos con semejante temor? ¿Acaso no nos priva de la paz interior, aprisionándonos en una celda de preocupación constante? Cristo tenía toda la razón cuando dijo: «¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida? ... Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.» 1 Aun en el peor de los casos no tenemos que temer. Si Dios permite que nos enfermemos o que muramos prematuramente, tanto la enfermedad como la muerte prematura pueden ser experiencias que nos liberen de las preocupaciones temporales de esta vida y nos lleven a concentrar nuestra atención en un porvenir eterno. Así que en lugar de permitir que el temor a la enfermedad y a la muerte nos aprisione, encerrándonos en una cárcel como la de Paysandú, permitamos más bien que el amor de Dios, amor perfecto que echa fuera el temor, 2 nos libere de ese temor y nos lleve a estrenar una vivienda espaciosa como la que Dios nos tiene preparada más allá de la muerte, en la nueva Jerusalén. Allí vivirá Dios en medio de nosotros, y no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor. Pues como Dios mismo dice proféticamente en calidad de Alcalde de aquella ciudad santa: «¡Yo hago nuevas todas las cosas!»
Fue para Juanita Parker una semana verdaderamente trágica. Primero, su marido tuvo un accidente de trabajo quedando gravemente quemado. Segundo, su hijito recién nacido fue diagnosticado con mononucleosis. Tercero, perdió la casa que habían comprado por falta de pagos. Cuarto, y esto fue lo peor, descubrió que su esposo y su mejor amiga eran amantes. Todo esto le sucedió en el lapso de sólo ocho días. La agonía moral de Juanita duró cuatro semanas. En su desesperación llegó a la conclusión de que para ella sólo había dos opciones: matarse o perdonar. Por fin hizo lo único que podía darle tranquilidad: perdonó. Perdonó a su marido. Perdonó a su amiga. Y con el perdón sincero y completo, recuperó la paz. Es más, con el alma libre de esa carga, pudo tener la fe para resolver sus demás problemas. El perdonar fue su salvación. Alguien dijo que el perdón no es una opción. No se puede tener paz si no se perdona. En ese sentido el perdón no es una opción. Es un imperativo. Cuando alguien nos ha ofendido, haciéndonos daño en el alma, exclamamos: «¡Jamás lo perdonaré! La herida es demasiado grande, el desencanto muy grave, el dolor insoportable. ¡Jamás lo perdonaré!» El problema mayor es que vivir sin perdonar es lo mismo que llevar una piedra en el estómago. Es igual que echar sal continuamente en una herida abierta. Vivir sin perdonar es nublar el entendimiento, endurecer el corazón, amargar el alma. ¿Cuántas veces no habremos repetido el Padrenuestro? Comienza diciendo: «Padre nuestro que estás en el cielo.» Más adelante dice: «Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores» (Mateo 6:9,12,13). Es decir: «De la misma manera en que yo, Señor, perdono, perdóname tú a mí.» Perdonar no es una opción. Es un mandamiento divino. Cuando Jesús agonizaba en la cruz, mirando a la multitud, dijo: «Padre, perdónalos» (Lucas 23:34). El que más sufrió, el que fue clavado en una cruz, al referirse a sus verdugos dijo: «Padre, perdónalos.» Así nos enseñó el Maestro. Así es el perdón divino —gratis, eterno y perfecto—, y sin embargo cualquiera puede ser salvo. Pero eso demanda que también nosotros perdonemos. Así como hemos recibido el perdón de Dios, tenemos que perdonar a los demás. No es una opción; es un mandato. Pero Cristo nos da la fuerza para cumplirlo
Al principio sólo era una nubecita sobre el horizonte, nada amenazador. Pero la nube fue creciendo, y pronto cubrió medio cielo. Eran millones de alas transparentes que zumbaban y se precipitaban sobre cien mil hectáreas del país de Yemen, república del estado de Arabia. ¿Qué era esto? Era una repetición de la antigua plaga bíblica de las langostas, una plaga que no deja nada verde. Desde Yemen la plaga se extendió hasta Chad, Níger y Malí, destruyendo todo en su camino. Tales plagas comenzaron a hacerse célebres desde que, bajo la dirección de Moisés, invadieron el reino de Egipto. Entre ellas la octava fue la plaga de langostas, las cuales arruinaron todo el país en tres días. Fue entonces que la palabra «plaga» se hizo proverbial. Se le atribuye a cualquier cosa que ominosa e implacablemente destruye todo lo que toca. ¿Habrá plagas que actualmente estén devastando vida y alma en todos los países del mundo? Sí, hay por lo menos diez. La plaga de la violencia llena de sangre las calles, dejando cuerpos humanos destrozados. La plaga del sexo juvenil antes de tiempo deja un reguero de adolescentes embarazadas. La plaga del adulterio destruye todos los valores humanos. A la plaga del adulterio la acompaña la plaga del divorcio, que deja deshechos los hogares. La plaga del alcohol ahoga en su líquido engañador al que lo toma. La plaga de las drogas destruye cuerpo y alma, y antecede a la plaga del suicidio juvenil, que apaga tesoros recién llegados a esta vida cuando más se esperaba de ellos. Y la plaga del SIDA mata irremisiblemente y sin recurso. La plaga de las sectas insólitas y extrañas fanatiza a sus adeptos y les lava el cerebro. Y la plaga de la incredulidad ahoga todo orden moral y espiritual dentro del ser humano y de la sociedad. Michael Callen, notorio líder homosexual, dijo antes de morir: «Nosotros los homosexuales vivimos revolcándonos en una cloaca infectada microbiológicamente, siempre en aumento.» ¡Terribles palabras éstas que describen el mundo actual! Jesucristo es la única esperanza para la humanidad. Sólo Él puede traer limpieza, justicia, paz, amor y orden a una sociedad plagada de toda clase de males. Sólo Cristo salva, pero no sólo a uno que otro sino a todo el que se acerca a Él.
A Mercedes Bolla de Murano sus amigos y vecinos la consideraban una mujer rica. Vivía en Buenos Aires, Argentina, y siempre andaba ostentando dinero. Prefería tomar un taxi para hacer sus visitas diarias a los amigos. Asistía fielmente a las iglesias, donde dejaba buenas limosnas para los santos. Y vestía bien, calzaba bien y vivía bien. Sin embargo, a Mercedes le pusieron el apodo de «La Lucrecia Borgia de Montserrat» por envenenar a no menos de siete personas, a todas ellas con cianuro. Según descubrieron los investigadores, la mujer pedía demasiado dinero prestado. Como no podía pagar, optaba por eliminar a sus acreedores, dándoles a beber cianuro alcalino. Fue así como Mercedes asesinó a una prima, a cuatro amigas y a un matrimonio. A los siete les debía grandes sumas de dinero, y todos le tenían la suficiente confianza como para aceptarle un vaso de refresco en el que ella había disuelto la sustancia mortal. He aquí una noticia como las que se publican en nuestros periódicos todos los días, que demuestra, una vez más, hasta qué punto es capaz de llegar una persona dominada por la pasión por el dinero. El dinero se ha convertido en el dios de muchas personas. Es tal su atracción que ha pasado de ser un dios a ser como un demonio sádico con una fuerza obsesionante y destructiva. Mercedes Bolla de Murano amaba el dinero. Le encantaban las joyas, los abrigos de piel y los vestidos de última moda, símbolos sociales de la vida de pompa y de ostentación. Como no ganaba suficiente dinero para satisfacer su apetito material, lo pedía prestado. Y como no podía pagar lo que debía, y le era imposible vivir modestamente, optó por matar a los que le hacían el favor de prestarle dinero. ¿Qué hay detrás de este drama? Según el sabio Salomón: «Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente.» 1 «Porque —según afirma San Pablo—: el amor al dinero es la raíz de toda clase de males.» 2 El amor al dinero, sobre todo cuando lo acompaña el desamor al trabajo, es una fórmula terrible, capaz de aniquilar a cualquier persona y acarrear una terrible cadena de males. ¿Cómo podemos librarnos de esta baja pasión, que es la pasión de millones de hombres y mujeres en nuestro mundo civilizado? De la misma manera en que nos libramos de otras tantas pasiones morbosas, que es como se libró de ellas uno de los más viles pecadores a quien, no obstante, Dios consideró como un hombre conforme a su corazón. 3 Basta con que sigamos el ejemplo del rey David, que después de su terrible pecado se arrepintió de todo corazón, reconoció su falta y le pidió perdón a Dios en estos términos: «Aparta tu rostro de mis pecados y borra toda mi maldad. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu.»
Con mala ortografía y torpe letra el chico comenzó a escribir. Evidentemente el muchacho era rebelde e indisciplinado. Como castigo, la maestra le había asignado una tarea especial. Debía escribir, 300 veces, la frase: «No debo desobedecer a mi maestra.» Se trataba de Jorge Licea, de origen mexicano. Estaba asistiendo a una escuela pública en la ciudad de Los Ángeles, California. Jorge escribió, y escribió, hasta el fin de la clase. Al día siguiente Jorge llegó temprano a la escuela, pero no se juntó con sus amigos. Estaba como confundido y melancólico. Quieto y sombrío, se detuvo en la puerta de su aula y comenzó a llorar. Luego, ante el espanto de sus compañeros, sacó de su bolsillo un revólver, se lo puso a la sien y apretó el gatillo. Jorge Licea tenía diez años de edad. Este caso conmovió a la gran ciudad. Terminada la investigación, se halló que la causa de la tragedia no era la tarea que la maestra le había dado. El castigo sólo hizo estallar una causa que era mucho más profunda que una simple tarea. La causa, que procedía de la vida del muchacho, tenía que ver con su hogar. Allí estaba evidenciada la fórmula de siempre: pobreza, violencia, drogas, alcohol y maltrato. El niño vivía en un infierno. Con apenas diez años de edad, ya había aguantado todo lo que un ser humano es capaz de aguantar. Y como no vio salida alguna, optó por quitarse la vida. Así es la vida de muchos niños y niñas en este mundo perdido y desviado en que vivimos. Quizá usted, mi querido joven, se encuentra en una situación parecida. Quizá la vida suya también sea un infierno. ¿Será eso todo lo que este mundo ofrece? La respuesta, positiva y categórica, es: «¡No!» En cierta ocasión Jesucristo dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos» (Lucas 18:16). Cristo, el autor de la vida, tiene una compasión muy especial por todos los que sufren injustamente. Permítanme una palabra a ustedes, padres. ¿Será el ambiente de su hogar uno que podría dar lugar a la confusión y al deterioro moral de sus hijos? Su hogar es el único albergue que ellos tienen, y la vida presente y futura de ellos será una copia exacta de lo que es el hogar suyo. Invitemos a Cristo, queridos padres, a ser el Señor de nuestro hogar. Cuando él reina en el hogar, hay serenidad y madurez y juicio y paz. Sólo Cristo produce cordura y armonía. Él quiere salvar nuestro hogar. Permitámosle entrar.
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